Archivado en: Actualidad | Etiquetas: Democracia, Fabulación, Periodismo, Política, Publicidad, Vladimir Karabatic

Tan solo faltan cinco días para el congreso y queremos relatar hoy uno de los asuntos que, por su proximidad geográfica y polémica generada, ha sido el centro de debates y conversaciones en el panorama periodístico de la Región de Murcia. Por supuesto, está íntimamente relacionado con los temas que trataremos el viernes y el sábado.
FITUR, 30 de enero de 2009. El consejero de Cultura y Turismo de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, presenta en sociedad al reputado antropólogo croata Vladimir Karabatic, el inventor del célebre lema “Typical Spanish”. El objetivo: que este señor encuentre un estereotipo fuerte para Murcia. El cliché definitivo del que carecíamos los murcianos y que nos desvincularía de ciertos lugares comunes a los que se asocia esta tierra (paradójica idea la de tratar de eliminar estereotipos con más estereotipos).
Dos semanas más tarde, el diario La Opinión de Murcia descubría el artificio. Karabatic era un actor (muy bueno, todo sea dicho) y el resto, una campaña de promoción turística revolucionaria, llamada a ser todo un “fenómeno social”. Por supuesto, entre la presentación y el descubrimiento de la farsa mediaron dos semanas en las que sociedad y medios de comunicación nos creímos esta ficción posmoderna orquestada desde el poder político.
En un vértice del debate se ha argumentado en contra del trabajo periodístico. Porque una web oficial y un artículo en la Wikipedia creados ad hoc, pocos días antes de la primera aparición de Karabatic, no debieron bastar para que los periodistas dieran visibilidad a este show. Por confiar demasiado en la parte interesada de la noticia, sobre todo cuando se trata de política. Porque la biografía del profesor no despertara suspicacias… ¿El gobierno franquista de 1966 contratando a un experto procedente del bloque comunista para vender la piel de toro?
También se ha hablado largo y tendido de este asunto en el ámbito de la publicidad. De sus objetivos, ejecución y su dudosa repercusión. De que está por demostrar el saneamiento de imagen que para la Región puede conseguir, y que ha costado 3 millones de euros a los contribuyentes. Del barniz de dospuntocerismo y la petición de la colaboración ciudadana para encontrar el ansiado estereotipo que se mostró falaz cuando se anunció el exangüe eslogan ‘no-typical’.
Vídeos humorísticos en YouTube, una web ¿social?, un spot emitido en televisiones nacionales en prime time, retadoras inserciones en prensa y una pantagruélica lona de 1.600 metros cuadrados que cuelga entre dos arterias de la vida madrileña enunciando que “en Murcia somos más naturales que el bífidus activo”… Todo para que usted, amigo foráneo, se entere de… ¿de qué? ¿le sonaba el tal Karabatic antes de empezar a leer este post?
Queda la cuestión capital, el rejonazo asestado al papel de la prensa en nuestro sistema democrático. Por cómo una administración pública legitima el “todo vale”, el fin que justifica los medios, los medios que justifican ser peones en el tablero de la banalización política. Por aceptar estos dislates poniéndole precio a la integridad de la profesión y perder la cabeza tras las faldas y faldones de la publicidad institucional, en lugar de protestar enérgicamente.
Así lo expresaba Enrique Arroyas, profesor de Opinión Pública de la Universidad Católica San Antonio, en un artículo publicado en prensa:
Evidentemente es mucho más grave espiar, cobrar sobornos o manipular informaciones. Pero no deberíamos minimizar las repercusiones que casos como el del consejero Cruz puede tener para la vitalidad de la democracia y la forma en la que los ciudadanos participan en la política. Porque de respeto a la ciudadanía es de lo que se trata al fin y al cabo. Un respeto que depende de que creamos de verdad en que la política democrática se basa en la disponibilidad de una información fiable. Porque toda decisión política requiere comunicación previa, y una vez tomada una decisión se necesitará comunicarla para que el público la entienda, la acepte como legítima, y esté en su derecho de apoyarla o rebatirla. [...]
Podemos escudarnos en que la política es un teatro y que no ya hay más reglas que las que ha terminado por imponer el mundo del espectáculo. Pero esa es una decisión que no tiene vuelta atrás. Si creemos en la democracia como un sistema en el que las decisiones sobre asuntos de interés común están en manos de todos, deberíamos pensárnoslo dos veces antes de dejar la política en manos de los fabuladores. La novela puede ser la verdad de las mentiras. La política tiene que ser otra cosa. Y el periodismo, también.

